
Autorretrato de Soraya, una artista afgana de 16 años que vive en Irán y lleva cinco años intentando llegar a Europa, capturando de forma escalofriante todo lo que ve con su teléfono.
El zorro acompaña al payaso a contemplar la luna desde lo alto del edificio. Ahí, en medio de una desesperación prolongada, el payaso decide averiguar qué ocurre si se lanza al vacío. El zorro, audaz e inteligente, lo sujeta y evita su caída. No hay mejor fábula que ésta para describir la vida de Soraya durante su proceso de escape y migración: busca a su madre, refugiada en un país europeo, lejos de las atrocidades del régimen talibán y también de conflictos más complejos, que Soraya atraviesa en un periplo donde el arte se vuelve forma de huida, de redención y de comprensión de sí misma. Porque migrar no es simplemente pasar de un país a otro. Es reconocer que el ancla del afecto debe levantarse para zarpar hacia aguas tenebrosas; es intentar restituir la fe en la posibilidad de volver a estar cerca de una de las personas más amadas y, en esa navegación, asistir a cómo el terror de los hombres azota incesantemente a las mujeres, extingue sonrisas y somete todo vestigio de amor, tanto hacia una misma como hacia los demás. El zorro, guardián de la psique de Soraya —quien a los dieciséis años ha cultivado espléndidamente su talento para el dibujo, la danza y la música—, la ayuda a resistir un matrimonio abusivo, un futuro incierto y la inexorable transición entre la adolescencia y la adultez (de la misma manera como evita la caída del payaso) guiando su mente y su alma, mostrándole el terror de la tierra y la belleza de la fe, lo que le que permite, finalmente, desembarcar en un puerto seguro.
Rodolfo Castillo-Morales
Zacatecas 142-A, Roma Norte, Cuauhtémoc, C.P. 06700, Ciudad de México