
Mientras el mundo se le escapa de las manos, un cineasta se aferra a las historias de los demás, como si fueran una madero a la deriva, con la esperanza de construir algo que flote.
Partiendo del náufrago, la figura que planteó el filósofo Ortega y Gasset en el prólogo de La rebelión de las masas, Diego Gutiérrez se cuestiona sobre la vida: como arrojados al mar, debemos responder a la realidad que habitamos, intentando darle sentido desde la búsqueda de nuestra propia verdad. Esto es lo que hace el cineasta siguiendo los pasos de cinco personajes que navegan las paradojas de nuestra existencia más allá de lo humano: las relaciones con los animales, las plantas y el entorno, así como la transformación o destrucción de éste.
Mezclando lo autorreferencial con una narración en tono mítico, caminamos sobre inmensos mares de lava petrificados, retiramos las malas hierbas de la milpa, nos sumergimos en ríos helados, sobrevolamos los bosques como si fuéramos águilas, nos adentramos en lo más profundo de las cuevas donde habitan los murciélagos y nos ponemos en los zapatos de quien tiene el poder para cambiar las cosas. Largas conversaciones entrelazadas nos cuentan los aprendizajes de aquellos que intentan preservar la vida en sus múltiples formas: resistiendo a las dificultades o poniendo en riesgo su propia integridad. Hay preguntas, muchas veces sin respuesta, que involucran a veces la espiritualidad o los actos de fe.
Ana Cervera
Diego Gutiérrez es un cineasta y artista visual mexicano-holandés. Estudió Artes Visuales en la UNAM y más tarde hizo una residencia de dos años en la Rijksakademie van beeldende kunsten, en Ámsterdam, ciudad donde ahora vive.
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