
Boca Vieja es un pequeño pueblo de pescadores y campesinos al sur de México que resiste la amenaza latente del despojo de su territorio.
Habitar cerca del mar es, para mucha gente, un sueño. Sin embargo, pocas veces recordamos que ahí acontece cíclicamente la pérdida, pues las aguas resultan tan bellas y posibilitantes, como asoladoras e inquietantes. Si sumamos, además, que ahí los pobladores enfrentan amenazas continuas de despojo las cuales buscan satisfacer intereses capitalistas y externos, ¿por qué entonces vivir en ese lugar?, ¿por qué no renunciar a un territorio que es más complicado de lo que aparenta? Yovegami Ascona ofrece —en éste, su primer largometraje documental— un retrato coral que se aleja de la aproximación más común a los procesos de defensa de la tierra, pues entreteje un acercamiento pausado con una sencilla pero profunda respuesta: que son muchas las cosas dignas y vitales en ese espacio, y por todas ellas vale la pena continuar: familias que bailan al compás de las chilenas; hombres cocinando y disfrutando los frutos de la pesca; personas que, aun sin dientes, comen elotes en la obscuridad nocturna; y animales entrañables que forman parte del cotidiano junto a niños jalando lanchas, riendo y jugando. Son éstos apenas algunos destellos de la vida en Boca Vieja, que se transita con alegría y entereza en medio de la zozobra causada por el actuar humano y las fuerzas de la naturaleza. Con una mirada que circula entre lo íntimo y lo público, Ascona nos permite atisbar una comunidad que, pese a las tormentas que vienen y van, insiste cada día en hacerse a la mar.
Aída Naxhielly
Zacatecas 142-A, Roma Norte, Cuauhtémoc, C.P. 06700, Ciudad de México